¿Dónde está Dios?

A veces la retórica se vuelve contra quien la utiliza, aunque se trate de un experto en manejarla. En el funeral de las víctimas del accidente del Metro de Valencia, el arzobispo García-Gasco se preguntó dónde estaba Dios en el momento de la tragedia. No es una pregunta nueva. Hace unos meses, el Papa Benedicto XVI se hizo la misma pregunta cuando visitó el campo de concentración de Auschwitz y rememoró la brutalidad del holocausto. ¿Dónde estaba Dios cuando se produjo la matanza?, se preguntó.
A muchos de quienes nos educamos en la verdad de que Dios está en todas las partes, no nos sorprenden este tipo de preguntas. Hace mucho tiempo que nos las hacemos. Lo realmente sorprendente es la personalidad de quienes ahora las formulan, que lancen una pregunta tan difícil los que, en teoría, deberían aportar respuestas.
Particularmente me inquieta más que la ausencia de Dios en determinados lugares, su presencia constante en boca de quienes dicen actuar en su nombre. En quienes matan en nombre de Dios, en quienes torturan, organizan guerras, legislan, reprimen al infiel en su nombre. En los que deciden invasiones después de asistir a un oficio religioso. En quienes proclaman que Dios es grande antes de hacer saltar por los aires un mercado o un autobús repleto de pasajeros.
Ellos son los peligrosos, no Dios. Inquieta su presencia creciente y su influencia, su capacidad para imponer sus criterios y su fuerza, y, sobre todo, el silencio de quienes les tendrían que parar los pies. Inquieta que las autoridades religiosas, de todas las religiones, se ocupen más de formular preguntas retóricas, de intentar imponer sus criterios éticos en sociedades laicas, que de hacer callar a quienes utilizan el nombre de Dios en vano para cometer atrocidades.
Dios no estaba en el Metro de Valencia ni en Auschwitz. Eso es evidente. Pero se sabe muy bien dónde están los que se sirven de él para justificar lo injustificable. Cardenales, obispos, imanes y rabinos deberían estar más atentos y elevar su voz contra ellos.

(Artículo escrito por Isaías Lafuente)
 
 

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~ por oniricon en marzo 11, 2008.

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